sábado, 4 de abril de 2009

Capitulo II NACE LA TORMENTA

Las gruesas gotas de sudor caían copiosamente del rostro de la matrona; la poca luz dentro de la carpa y el vaivén del fuego de las antorchas hacían danzar las sombras de cuanto objeto hubiera allí, las grotescas caras de los presentes se acentuaban con los refucilos de los relámpagos.
-Por la Madre soy tu Reina!- dijo apretando los dientes
-Si, mi Reina, y mientras yo sepa de esto mas que tu seré tu partera así que respira un poco mas lentamente y no gastes fuerzas aún, las necesitaras después.-
-¡Por xxxxxxxx y por xxxxxxxx que ya lleva cuántas horas así!- vocifero Bruto, un corpulento y calvo guerrero que cuidaba la entrada de la carpa.
-Deja a los dioses en paz, que ya bastante tienen comprometido aquí, y sácame a toda esta chusma- la matrona miro al corpulento guerrero y este obedeció al momento, -vamos gentes, que ya han oído, no pueden hacer nada aquí, vamos, muévanse-
todos salieron apretujadamente por la estrecha abertura de la carpa, algunos murmuraban una maldición, otros lloriqueaban pesares, Bruto los alejó y volvió a entrar a la carpa.
-tu también Bruto, tu también- la matrona sin mirarlo y haciéndole un ademán con la mano lo invita a dejar la carpa
-te juro que si…-
-si, si, ya vete a jurar afuera Bruto- lo corto la anciana, Bruto corrió violentamente la lona de la carpa y si hubiera sido de madera la habría sacado de sus goznes.

Afuera las montañas rugían atronadoramente y cada rugido provenía de un relámpago cada vez mayor, los mas ancianos murmuraban, los mas jóvenes y gallardos mantenían el mentón levantado hacia las montañas como desafiando a la naturaleza.

-Mi reina, no voy a mentirte, tu vástago no viene bien, esta al revés- la matrona le hablo con cariño alisándole suavemente los dorados cabellos empapados de sudor de la cabeza
–no puedo hacer gran cosa mas que esperar- bajó la vista hacia las piernas en v de la reina-
-escúchame bien Madre de Muchos, llevo en mi vientre a mi descendencia y sabes que no habrá mas que este y debe vivir a como de lugar- la voz se oía entrecortada a raíz de los intensos dolores - mi vida no vale nada sin lo que llevo en mi interior, conoces la profecía tan bien como yo- un grito de dolor apago la última palabra de la reina, la matrona trataba de sujetarle un palito entre los dientes, - ¡Haz algo maldita Bruja de xxxxxxx, mátame si es necesario pero dale vida a mi cachorro!- La matrona quedó en silencio un instante que pareció una eternidad, pensó algo, se rascó la cabeza, un grito agudo la sacó de su letargo
- hay una posibilidad mi reina- paró para respirar - lo hice una vez con una yegua, pero esto es diferente, tu eres…-
-¡A la mierda quien soy!- la reina quería dejar claro l punto – Haz lo que tengas que hacer pero ¡ahora!-
La matrona volteó la cabeza hacia la entrada de la carpa y con un alarido seco llamó
-¡Bruto!-
En lo que demoró en apagarse el eco de su voz Bruto ya estaba dentro de la carpa mirando a la anciana y a su reina con los dientes apretados
-¡Tu cuchillo!-
Bruto la miró con sorpresa y confundido viró la vista hacia la reina
-¡es que eres sordo so hijo de una cabra y un xxxxxxxx, tu reina se muere maldición!-
La reina con un gran esfuerzo señala a la matrona y asiente, sus lágrimas de dolor logran conmover el duro corazón de Bruto y rápidamente entrega su curva y afilada daga a la anciana.
-¡Quédate con ella, y por xxxxxxx no mires!-
Fueron minutos de horribles gritos, insultos y alaridos, los afuera presentes nunca hubieran imaginado la cantidad de maldiciones que sabía su reina.
Las horas se fueron sucediendo, con la tormenta ya casi sobre sus cabezas los cientos de hombres y mujeres reunidos al pie del promontorio donde se hallaba la carpa seguían con la vista hacia las montañas, justo detrás de su reina. Los relámpagos iluminaban por momentos la oscura noche, y las teas hacia tiempo habían dejado de arder y los fogones ahora inundados por el agua de lluvia torrencial discurrían ríos de barro y cenizas, pero ninguno se inmuto, solo algunas madres con sus hijos pequeños corrieron a buscar refugio no lejos de allí, los demás soportaban estoicamente el temporal con sus miradas altivas y sus portes gallardos, nadie se atrevía a mirar al suelo ni a encogerse de hombros, era una competencia de pechos henchidos, brazos en jarras y capas al viento descubriendo a veces las adornadas espadas en las cinturas de hombres bravos y mujeres valientes.
Las respiraciones se contuvieron un momento al ver una luz que se escapaba de la entrada de la carpa, la luz se hizo aun mayor al abrirse casi de par en par por unos brazos musculosos y un ser enorme apareció en la entrada de la carpa protegiendo a alguien bajo sus poderosos brazos que estaba tapado con una piel de oso. Detrás de las dos figuras salio la matrona con un pequeño bulto entre sus brazos; los tres se acercaron a la orilla del promontorio y miraron hacia abajo, buscando uno a uno esos ojos fieles y temerarios que no hacían caso a la tormenta.
-Dámela, ahora es mi turno- dijo la reina que venia cubierta por la piel de oso y sostenida por Bruto
-Pero mi reina, estás muy débil - dijo la matrona – aun no sana tu vientre-
La reina mirando la túnica blanca de lino manchada de rojo sangre le contesto
-Solo un poco de sangre, aun tengo mucho por derramar por mi pueblo- al decir esto casi se le resbala de las manos a Bruto, la sujeto delicada pero seguramente de la cintura, con cuidado de no oprimir la herida que tenia desde el ombligo al bajo vientre
-Dámela ahora- la matrona suspendida en el tiempo despierta al ver los penetrantes ojos de su reina y con los brazos extendidos entrega la manta xxxxxxxx que llevaba en los brazos a la reina, esta la toma decidida y delicadamente comienza a desenvolver al ser que ocultaba la tela hasta dejarla desnuda. Toma a la criatura de debajo de las axilas y poniéndola contra su cara la besa en la frente, la abraza y la frota sintiendo el frío de su piel, maldice en su interior las malditas tradiciones pero sabe lo importantes que son, y dando vuelta al bebe, tomándolo de la cintura y con una mano por delante da un paso al frente del promontorio y extendiendo los brazos hacia el cielo muestra al mundo a su hija.
Las horas de espera se ven recompensadas por la bendición de la heredera, en las bocas abiertas entran dulces gotas de lluvia y saladas lágrimas por igual.

-¡Contemplad, hijos de la luz, el poder del Creador, contemplad a Nesser, Ojos de Tormenta, su princesa… y futura reina!-
En ese preciso instante un relámpago ilumino la escena y como parido un trueno resonó en todo el valle del promontorio como pidiendo atención a las palabras.
Como una sola voz los vítores se alzaron desde la base del promontorio, los ahogados gritos, en las gargantas esperando salir hace horas, escapan a borbotones de las bocas de aquellos hombres y mujeres valerosos y osados, que recordarían este momento en canciones e historias por varias generaciones.
La reina bajando los brazos y enfrentando nuevamente el rostro de su hija le dice:

- Este es tu pueblo, merécelo-

Capitulo I LA VISION

Las piedras como payanas cayeron sobre el suelo, pasó el dedo escribiendo en la tierra entre los guijarros murmurando palabras que ni ella entendía; palabras que el viento se ocupaba de llevar por la ventana de la oscura torre central del viejo castillo de xxxxxxxxxx. Levantó su mano derecha y con rápidos movimientos escribió en el aire símbolos de arcaicas magias y añejos hechizos, las llamas de las teas bailaban en constante frenesí impidiendo que el viento las arrebate convirtiéndolas en humo. Sus ojos ciegos miraron la insondable oscuridad hurgando más allá de los sentidos, y el humo delgado de los inciensos penetró en su nariz llevándola al límite del juicio, en ese trance abrió bien sus blancos ojos ciegos y vio claramente en su mente la imagen que se había formado. La habitación daba vueltas alrededor de la anciana mujer, como en un remolino se dejó llevar hasta los confines del sufrimiento y la agonía, acarició la muerte con sus huesudos dedos, era algo muy común en ella, tantos años esquivándola, pero ahora, ahora sentía tan cerca su llamada, tan cerca su abrazo de Madre, pero aún no, aún no… calló de bruces sobre el piso adoquinado de la torre con la cara hacia la paja hedionda, el humo de los fuegos apagados se arremolinaba entre la pitonisa y el techo circular; con un gran esfuerzo se puso de pie y caminó a tientas en la oscuridad hacia la ventana. El frío viento del sur la abofeteó una y otra vez, el olor a tierra mojada alarmó sus sentidos, los relámpagos se sucedían uno tras otro detrás de las montañas de xxxxxxx, y los truenos ensordecedores machacaron su cabeza. Una gota prematura de lluvia calló de su ojo ciego ¿o era una lágrima?, con las manos apoyadas en el marco de la ventana bajó la cabeza y cerró los ojos un momento para dejar que todo su ser sintiera el poder de aquellos truenos que nacían tras las montañas. Toda la torre temblaba cada vez más fuerte azuzada por el vendaval que precedía a la tempestad.
Levantando la cabeza y poniendo el rostro frente a la tormenta dijo casi en un susurro:

-Malo, muy malo.-