sábado, 4 de abril de 2009

Capitulo I LA VISION

Las piedras como payanas cayeron sobre el suelo, pasó el dedo escribiendo en la tierra entre los guijarros murmurando palabras que ni ella entendía; palabras que el viento se ocupaba de llevar por la ventana de la oscura torre central del viejo castillo de xxxxxxxxxx. Levantó su mano derecha y con rápidos movimientos escribió en el aire símbolos de arcaicas magias y añejos hechizos, las llamas de las teas bailaban en constante frenesí impidiendo que el viento las arrebate convirtiéndolas en humo. Sus ojos ciegos miraron la insondable oscuridad hurgando más allá de los sentidos, y el humo delgado de los inciensos penetró en su nariz llevándola al límite del juicio, en ese trance abrió bien sus blancos ojos ciegos y vio claramente en su mente la imagen que se había formado. La habitación daba vueltas alrededor de la anciana mujer, como en un remolino se dejó llevar hasta los confines del sufrimiento y la agonía, acarició la muerte con sus huesudos dedos, era algo muy común en ella, tantos años esquivándola, pero ahora, ahora sentía tan cerca su llamada, tan cerca su abrazo de Madre, pero aún no, aún no… calló de bruces sobre el piso adoquinado de la torre con la cara hacia la paja hedionda, el humo de los fuegos apagados se arremolinaba entre la pitonisa y el techo circular; con un gran esfuerzo se puso de pie y caminó a tientas en la oscuridad hacia la ventana. El frío viento del sur la abofeteó una y otra vez, el olor a tierra mojada alarmó sus sentidos, los relámpagos se sucedían uno tras otro detrás de las montañas de xxxxxxx, y los truenos ensordecedores machacaron su cabeza. Una gota prematura de lluvia calló de su ojo ciego ¿o era una lágrima?, con las manos apoyadas en el marco de la ventana bajó la cabeza y cerró los ojos un momento para dejar que todo su ser sintiera el poder de aquellos truenos que nacían tras las montañas. Toda la torre temblaba cada vez más fuerte azuzada por el vendaval que precedía a la tempestad.
Levantando la cabeza y poniendo el rostro frente a la tormenta dijo casi en un susurro:

-Malo, muy malo.-

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